Cuando en un país uno tiene que explicar que las empresas tienen un fin social es que algo no marcha bien. El liberalismo, la doctrina que triunfó tras el fin de la II Guerra Mundial, ha tenido desde entonces tiempo para adoctrinar a la población en dos ideas básicas. A saber: que la empresa privada siempre está mejor gestionada que la pública y que la primera tiene como único objetivo la obtención de beneficios. Cualquiera de estas dos ideas es falsa aunque su apariencia sea la de una verdad constatable, incontestable.
Empecemos.
El problema de la gestión dependerá siempre de que el gestor sea bueno o malo. Gestores buenos los hay en la empresa pública y en la privada. Y lo mismo ocurre con los malos. Se dice que en la privada, al tener que presentar resultados ante la junta de accionistas se está obligado a la buena gestión o, en el peor de los casos, a la gestión responsable. En la pública el dinero es de todos y, por lo tanto, dicen, de nadie. En la empresa pública los accionistas somos todos, que es diferente. Por tanto el celo del gestor público debiera ser mucho mayor que en la privada. Tradicionalmente, en otros países, la mala gestión de los asuntos públicos, no digamos ya el ser sorprendido en estafa, malversación, robo, tráfico de influencias o cohecho, o cualquiera de los delitos que hoy nos gusta sacar en los papeles a los periodistas, conllevaba la vergüenza para uno y para su descendencia, el oprobio, el destierro al ostracismo e incluso el harakiri. Aquí, en España, se solventa con unos días de prisión (realmente muy pocos para la gravedad del delito), suele no recuperarse nada de lo malversado e, incluso, como el juez no se ande con ojo, puede acabar inhabilitado si tiene la osadía de mandar a algún banquero a chirona.
Siendo esto gravísimo no supone tanto deterioro para la nación como la segunda de las afirmaciones. No, el único fin de la empresa no es la obtención de beneficios para el accionariado. Es tan falso como asegurar que Dios quiere más a los ricos que a los pobres y que, de alguna manera, el poderoso ya se ha ganado el favor de Dios. Calvinismo puro que funciona de maravilla en países calvinistas o de influencia calvinista. En España, pese a quien pese, católica, ni se puede ni se debe sostener semejante estupidez. La empresa cumple, ante todo, un bien social. Lo afirma nuestra constitución del 78 al afirmar primero la necesaria protección de la iniciativa privada y, más tarde, al garantizar (papel mojado como puede comprobarse) la dignidad del trabajo y el salario justo para el trabajador. Como concesión que es del Estado, la iniciativa privada está obligada a la consecución de puertos de trabajo dignos y dignamente remunerados. Es el contrato tácito que firma el Estado con el individuo que pretende beneficiarse de la explotación de recursos nacionales. Por tanto, y aunque desde el punto de vista del empresario la empresa se monte para obtener beneficios, estos están condicionados a la prestación de un bien social exigencia del Estado: puestos de trabajo que dignifiquen la persona, que permitan el desarrollo de la vida en sociedad. Pero esta obviedad no demuestra sólo la miopía de los empresarios liberales al mirar el drama real del empleo sino la ceguera absoluta del estado liberal, centrado y preocupado no en sus ciudadanos, aquellos de los que dice recibir el poder, sino en cuidar de sus engranajes de corrupción y tenerlos bien engrasados.
domingo, 10 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Canal 9
Pese a lo que opina mi buen amigo Rafael Nieto, trabajar como periodista no le hace a uno periodista. Tal vez por esto, por que no lo soy, no albergo corporativismo alguno entre mis sentimientos profesionales. Y, cuando hoy todos hablan del cierre del Canal 9, yo, creo, puedo mantener una posición más despegada que el resto de mis compañeros.
Por partes. El cierre de un medio de comunicación es una desgracia; el cierre de un medio de comunicación público es una tragedia. Además (soy el menos constitucionalista de los presentes y puedo demostrarlo), según los padres de la democracia, los medios de comunicación suponen el cuarto poder, el equilibro en la balanza, la garantía de que no se cometerán en el gobierno del pueblo arbitrariedades en el poder que pasen inadvertidas a la ciudadanía. Tal vez esta sea la más importante de las premisas para la existencia de la prensa. Una prensa que, además de fiscalizadora de la acción de gobierno, ha de ser, por encima de todo, libre. Bien pensado, es la única prensa posible; el resto es propaganda.
Los 1700 trabajadores del Canal 9 que irán a la calle, descontados directiva y cargos políticos colocados por la Generalitat, son profesionales cuyo único delito ha sido el de hacer su trabajo en la medida en la que se les ha permitido. Y digo esto porque cuestiono mucho que en Canal 9 alguien haya podido hacer su trabajo libre e independientemente. Quizás sólo los que daban las órdenes. O ni siquiera estos si es que las recibían del poder político o financiero.
El problema del enunciado con el que empezaba es que no hay nada más privado que una televisión autonómica. Ciertamente, la pagamos entre todos; ciertamente todos asumiremos el gasto del cierre (que lo tiene y bastante alto); ciertamente todos hubiésemos asumido el coste de su continuidad. Pero no es menos cierto que el servicio público brilla, en este como en todos los casos, por su ausencia y que es el olor a incienso el que impregna parrillas y pasillos. Servicios informativos laudatorios, serviles y afectos siempre al punto de vista del presidente de la autonomía en cuestión, tertulias convertidas en el reducto en el que se refugia lo más pelota e inútil de la profesión, espacios culturales para el adoctrinamiento, programas de entretenimiento para el lavado de cerebros... Todo huele a podrido en Dinamarca!
Las mentes "bienpensantes" aplauden a Fabra y se apuntan a la demagogia del argumento exhibido por el susodicho: "no quitaré ni una cama de hospital ni cerraré un colegio por Canal 9" -ha venido a decir. Lo dice un político que pertenece al partido de los recortes, de las privatizaciones encubiertas y de la austeridad entendida en cabeza del débil. Y lo dice a sabiendas de que el gasto en televisiones autonómicas está tan justificado en su comunidad, en cualquiera de ellas, como lo pueda estar un aeropuerto sin tráfico o una legión de asesores. Sobra Canal 9 como sobran los asesores o los aeropuertos sin aviones y sin pasajeros; como sobra ese mundial de F1 al que destinan una pasta pero que no provoca el cierre de colegios y hospitales. Porque, ahondando en la cuestión, lo que de verdad sobra es Alberto Fabra y las 17 CCAA que embotellan (no es un chiste) nuestro Estado.
Hemos oído decir a esas mentes "bienpensantes" que el empleo público no genera riqueza, que no produce. Se retratan. Y a uno se le hace insufrible tener que seguir, día tras día, demostrando lo evidente.
http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2013/11/06/527a21236843416e698b4586.html
Por partes. El cierre de un medio de comunicación es una desgracia; el cierre de un medio de comunicación público es una tragedia. Además (soy el menos constitucionalista de los presentes y puedo demostrarlo), según los padres de la democracia, los medios de comunicación suponen el cuarto poder, el equilibro en la balanza, la garantía de que no se cometerán en el gobierno del pueblo arbitrariedades en el poder que pasen inadvertidas a la ciudadanía. Tal vez esta sea la más importante de las premisas para la existencia de la prensa. Una prensa que, además de fiscalizadora de la acción de gobierno, ha de ser, por encima de todo, libre. Bien pensado, es la única prensa posible; el resto es propaganda.
Los 1700 trabajadores del Canal 9 que irán a la calle, descontados directiva y cargos políticos colocados por la Generalitat, son profesionales cuyo único delito ha sido el de hacer su trabajo en la medida en la que se les ha permitido. Y digo esto porque cuestiono mucho que en Canal 9 alguien haya podido hacer su trabajo libre e independientemente. Quizás sólo los que daban las órdenes. O ni siquiera estos si es que las recibían del poder político o financiero.
El problema del enunciado con el que empezaba es que no hay nada más privado que una televisión autonómica. Ciertamente, la pagamos entre todos; ciertamente todos asumiremos el gasto del cierre (que lo tiene y bastante alto); ciertamente todos hubiésemos asumido el coste de su continuidad. Pero no es menos cierto que el servicio público brilla, en este como en todos los casos, por su ausencia y que es el olor a incienso el que impregna parrillas y pasillos. Servicios informativos laudatorios, serviles y afectos siempre al punto de vista del presidente de la autonomía en cuestión, tertulias convertidas en el reducto en el que se refugia lo más pelota e inútil de la profesión, espacios culturales para el adoctrinamiento, programas de entretenimiento para el lavado de cerebros... Todo huele a podrido en Dinamarca!
Las mentes "bienpensantes" aplauden a Fabra y se apuntan a la demagogia del argumento exhibido por el susodicho: "no quitaré ni una cama de hospital ni cerraré un colegio por Canal 9" -ha venido a decir. Lo dice un político que pertenece al partido de los recortes, de las privatizaciones encubiertas y de la austeridad entendida en cabeza del débil. Y lo dice a sabiendas de que el gasto en televisiones autonómicas está tan justificado en su comunidad, en cualquiera de ellas, como lo pueda estar un aeropuerto sin tráfico o una legión de asesores. Sobra Canal 9 como sobran los asesores o los aeropuertos sin aviones y sin pasajeros; como sobra ese mundial de F1 al que destinan una pasta pero que no provoca el cierre de colegios y hospitales. Porque, ahondando en la cuestión, lo que de verdad sobra es Alberto Fabra y las 17 CCAA que embotellan (no es un chiste) nuestro Estado.
Hemos oído decir a esas mentes "bienpensantes" que el empleo público no genera riqueza, que no produce. Se retratan. Y a uno se le hace insufrible tener que seguir, día tras día, demostrando lo evidente.
http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2013/11/06/527a21236843416e698b4586.html
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martes, 5 de noviembre de 2013
Regreso
Se impone volver al tajo. Se impone hoy, 5 de noviembre, día en que hemos conocido un nuevo dato de empleo. Otros 87.000 españoles más al paro, a las colas para sellar una tarjeta que de derecho a un subsidio, taquillas donde se expiden billetes para pasar unas largas vacaciones en el infierno.
Se impone recuperar el hábito de la escritura para expresar lo que uno siente y sabe; para que sirva, si sirve, Dios sabe a quién o para qué. Se impone hablar, escribir, discutir, pelear, disertar; se impone pensar en alto para que cunda el ejemplo y llegue el día en que todos pensemos en alto. Nos quieren mudos e inventamos el lenguaje de signos; nos quieren sordos y nos tocamos; nos quieren ciegos y nos chillamos; nos quieren mansos y nos revelamos.
Se impone la revolución de las impresoras, del correr de mano en mano, una vez que se cierran los micrófonos. Cada vez van quedan menos altavoces para las gargantas disidentes.
Disidencia que no es una pose, que no es una tendencia, que no es la estética del dandi. Disidencia a cualquier precio. Al precio de la sangre y de la vida si fuera preciso. Está comprobado que estas, sangre y vida, ganan voluntades, vigorizan los músculos del pueblo e impregnan sus banderas victoriosas.
Hay un gran enemigo público con mil cabezas y un solo corazón rector. Un corazón para pensar por todos y mil cabezas para dividir los esfuerzos del combatiente. Qué términos! -dirán muchos. Qué trasnochados, qué tremendistas, qué antiguos!
Pues sí. Es el verbo del "a vida o muerte".
Se impone recuperar el hábito de la escritura para expresar lo que uno siente y sabe; para que sirva, si sirve, Dios sabe a quién o para qué. Se impone hablar, escribir, discutir, pelear, disertar; se impone pensar en alto para que cunda el ejemplo y llegue el día en que todos pensemos en alto. Nos quieren mudos e inventamos el lenguaje de signos; nos quieren sordos y nos tocamos; nos quieren ciegos y nos chillamos; nos quieren mansos y nos revelamos.
Se impone la revolución de las impresoras, del correr de mano en mano, una vez que se cierran los micrófonos. Cada vez van quedan menos altavoces para las gargantas disidentes.
Disidencia que no es una pose, que no es una tendencia, que no es la estética del dandi. Disidencia a cualquier precio. Al precio de la sangre y de la vida si fuera preciso. Está comprobado que estas, sangre y vida, ganan voluntades, vigorizan los músculos del pueblo e impregnan sus banderas victoriosas.
Hay un gran enemigo público con mil cabezas y un solo corazón rector. Un corazón para pensar por todos y mil cabezas para dividir los esfuerzos del combatiente. Qué términos! -dirán muchos. Qué trasnochados, qué tremendistas, qué antiguos!
Pues sí. Es el verbo del "a vida o muerte".
martes, 24 de julio de 2012
Lecciones del 15M (I)
“La Junta andaluza mete la tijera a los coches oficiales: de
200 a 40”. “Montoro tiene tres pisos en Madrid y aún cobra dietas por
alojamiento”. “Fernández Díaz cobra 1.800€ al mes para alojamiento pero vive en
la sede de Interior”.
Son algunos de los titulares que podían leerse hoy, 24 de julio,
en la prensa digital española. Pueden parecernos normales, algo con lo que
convive la democracia de esta vieja piel de toro, pero hace un año -un poco más-
tales titulares eran impensables. Los hace posibles un ambiente contrario al
permanente expolio de los recursos que con tanto esfuerzo colaboramos a
financiar todos los españoles, incapaces de llevarnos nuestro dinero de España,
bien porque no tenemos los asesores financieros necesarios para hacerlo, bien
porque no tenemos más que números rojos en la cuenta, intransferibles a un paraíso
fiscal en el que renten libres de impuestos.
La matriz del cambio la posibilitó el 15 de mayo de 2011 un
movimiento pacífico y ocupa que nos llevó a cuestionarnos las raíces mismas de
la representatividad parlamentaria. Tenía el movimiento un aire revolucionario
al estilo del que barrió el Magreb en la inconclusa aún primavera árabe. Pero
aquí no hubo muertos ni detenidos, no hubo cambio de régimen, derramamiento de
sangre –somos civilizados- ni políticos a la carrera. El sistema fue capaz de
abrazar el coletazo ciudadano y hacerlo propio sin demasiados esfuerzos. Era mucho
lo que estaba en juego: unas elecciones, nada menos. Y, eso, amigo, es sagrado.
Tan sólo un imperdonable sacrilegio: la violación de la jornada de reflexión,
algo que puso de los nervios a todos los que concurrían a la cita con las
urnas. A parte de eso, poco más. El movimiento 15M fue engullido como un
calentón de primavera queda ahogado por los sofocos del verano.
Cambió el Gobierno, no el régimen, y no cambió nada. El ambiente
fiscalizador de la mamandurria del político vio la luz en el subconsciente
colectivo y todos empezamos a preguntarnos qué hacían nuestros representantes
con nuestro dinero. Algunos descubrieron entonces lo que otros ya sabíamos
desde hace muchos años y que, en sí, no es más que la materialización de la
corrupción del sistema. Llegados a este punto sólo quedaba entender que el
sistema es corrupto y que, a toda costa, había que cambiarlo.
Soy poco dado a romanticismos. El 15M fracasó porque no
podía triunfar de ninguna manera. Estaba escrito en sus genes que se diluyera
como un azucarillo en un vaso de agua caliente.
Primero estaba la cuestión del liderazgo. Nadie quería
asumirlo para que fuese ‘de todos’. Craso error. La cabeza también forma parte
del cuerpo y un ser sin cabeza es incapaz de salir adelante. El anonimato exigido
privó al movimiento de una representación frente al sistema y, a éste, de nada
servía decirle que no se formaba parte del entramado montado por los políticos
profesionales (incluyo sindicatos y patronal, políticos profesionales de todas
formas). No servía decirle que no se jugaba a su juego por la sencilla razón
que ya se estaba jugando. Y, finalmente, se hubiese podido jugar con la ventaja
de la representatividad masiva no computable, salvo en caso de querer comparecer
en las urnas. Sostengo que un movimiento con líderes hubiese sido mucho más
efectivo. El miedo del sistema acabó cuando entendió que se pegaba con el aire
y que se agotaba en puñetazos dirigidos contra nadie; dejó de golpear sabedor de
que el púgil se esfumaría en el éter. Y así ocurrió: tras unas semanas de
acampada, todo quedó en nada. En las asambleas que se montaban en la Puerta del
Sol, nacieron o se formaron líderes de opinión, personas capaces de tirar y dirigir
al resto del auditorio. En muchos casos, buenos líderes, buenos jefes. Pero la
autocensura, la acrítica huida de cualquier tipo de protagonismo, alejó, para
bien del sistema, el peligro de una revolución real.
El tiempo jugaba en contra del movimiento, aunque en un
principio pareciese lo contrario. Cuanto más duraba la acampada, más se dispersaba
el mensaje y más amorfo se hacía. Con cada comisión y asamblea, con cada
votación unánime y a mano alzada, con cada gesto de espontaneidad, la fuerza de
la ocupación se perdía en burocracias. En el principio, la expectación de los
medios era máxima y no se supo aprovechar. Tanta era que hasta los más
contrarios a la acampada, aquellos que veían peligrar su publicidad
institucional si las elecciones se iban al garete o no ganaban los que ‘tenían
que ganar’, apostaron por un seguimiento 24 horas de la misma en vísperas de
las elecciones. La procesión iba por dentro, pero desde las azoteas que
ocupaban sus cámaras, sus invitados fingían superioridad ante el fenómeno y
manipulaban, sin escrúpulo moral alguno, fines y objetivos de una acampada que,
finalmente, ha resultado ser acertada en la necesidad de su planteamiento y
absolutamente prescindible en sus logros.
El tercer error fue pretender hacer una revolución sin
sangre. Nunca ha triunfado una revolución pacífica y amable en la que no
hubiese derramamiento de sangre. Los líderes ascienden sobre la pila de
cadáveres y se forjan en la represión y la tortura. De ahí nacen todos los
jefes naturales. Una revolución pacífica y anónima es una revolución sin alma
abocada a morir de hastío. Para las almibaradas conciencias progresistas esto
que acabo de decir es una auténtica aberración. Pero si se paran a pensarlo un
poco verán que es cierto y, tan sólo, constatación de un hecho. La violencia
hubiese sido necesaria aunque hubiese venido en forma tan innovadora como la propugnada
por el colectivo Anonimus, brazo ejecutor del movimiento 15M, a base de ataques
a los sitios web de las estructuras del sistema, colapsándolo y maniatándolo de
pies y manos.
Así, el ensayo del 15M había conseguido pasar a los anuales
periodísticos pero no sabemos todavía si será capaz de pasar a la Historia.
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jueves, 21 de junio de 2012
Rectificación
Con algo que escribí hace unos días calmé mi cabreo pero perjudiqué a terceros, algo con lo que no contaba. He retirado el post porque quien me ha hecho ver el daño que causaba ha tenido la elegancia de no pedirme que me apease del burro. Y como tampoco somos tan importantes ni tan geniales como para creer que nuestra opinión pueda sentar cátedra, pues lo descolgamos y punto. Desde éste, pido perdón a quien, siendo inocente de lo que afirmaban mis palabras, haya podido sentirse ofendido o perjudicado por ellas el tiempo que estuvo visible. Lo siento por los que publicaron comentarios al respecto y también los verán desaparecer, pero estas cosas son así.
jueves, 14 de junio de 2012
Receta anticrisis
Papardelle 'Nietos' o de Pollo
Receta de supervivencia que auna lo
mejor de la cocina mediterránea y el estilo cajún. Su nombre deriva
de su parecido con la tradicional pasta italiana, de su ingrediente
principal y del apellido de su instigador, Rafael Nieto, cocinilla y
amante de las 'verduritas'. Fue concebido por el que escribe en una
tarde de aburrimiento y éxtasis creativo. Hereda los genes de la
moussaka, la sartén del pobre y los spaguetti al pomodoro, pero sin
berenjena, pimientos ni espaguetti. Buon appetito.
Ingredientes a ojo para dos personas.
No sobra nada. Si sobra, guardar en un tupper:
Dos pechugas de pollo en filetes súper
finos
Dos cebollas
Un tomate grande
Un paquete de champiñones laminados
Jamón en taquitos
Pimienta negra molida
Albahaca
Aceite
Música de Knopfler
Preparación:
Lavar con agua fría los filetes de
pollo y cortar en tiras largas y como de un centímetro de ancho
(como si fuesen papardelle). La cebolla, en largo y muy muy fina; el
tomate, en tacos.
En una sartén mediana ponemos un poco
de aceite y a pochar la cebolla a fuego muy lento, hasta que
caramelice y obtenga un color marrón sin llegar a quemarse. El
proceso nos llevará más de 20', así que, paciencia. Reservamos.
En la misma sartén, sin limpiar y
subiendo un puntito el fuego, pochamos el tomate. No buscamos el
sofrito sino un punto de caramelizado, cualidad harto difícil por
tratarse de ingrediente tan jugoso. Aquí es donde demostramos
nuestra ciencia gastronómica. Cuando esté casi al punto añadimos
por encima las láminas de champiñón. Cuando el champiñón esté
blando sin llegar a perder su sabor a campo añadimos la cebolla y
albahaca al gusto. Removemos y reservamos.
En la misma sartén, de nuevo sin
limpiar (esto de no limpiar no es por guarros sino para aprovechar
los jugos de lo que vamos haciendo) ponemos un poco de aceite,
subimos el fuego a 'intenso' y le damos caña a los tacos de jamón.
El jamón va a conseguir que no necesitemos añadir sal al plato de
la misma forma que el dulce de la cebolla neutralizará el ácido del
tomate. Cuando estén fritos añadimos los papardelle de pollo y, por
encima, molemos un poco de pimienta. Cuando el pollo esté hecho sólo
nos queda añadir las verduras que teníamos reservadas y pegarle un
último revolcón.
El plato se debe acompañar con vino;
un tintorro le irá de p.m.
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lunes, 4 de junio de 2012
Carácter hispano
Era cuestión de tiempo que escuchaselo que he escuchado en redacción esta mañana. Me ha venido a lacabeza ese viejo principio de la matemática que argumenta que sisigues una lógica perfecta pero partes de un postulado inicialerróneo, invariablemente obtendrás una solución errónea. Sinembargo, si tu lógica no es perfecta pero partes del mismopostulado, tal vez llegues a la solución del problema. Quien mástenía que callar en la mesa de redacción ha venido a decir que laintervención de la Troika en España solucionaría los problemas delos españoles y que cualquier gobierno, viniese de donde viniesesería mejor que uno formado por políticos españoles.
Estando en parte de acuerdo en loúltimo, es decir, que lo único decente que le queda por hacer alpueblo español para congraciarse con la Historia es pasar a cuchilloa todos y cada uno de sus políticos, la intervención sería solo elpaso final y definitivo para la entrega de las llaves. Se vienecuajando desde que España decidió resbalar por la senda liberal yconvertirse en el sirviente de cualquier potencia extranjeradispuesta a manejar el látigo con la suficiente pericia.
Vean en lo que hemos quedado, en lo queha parado nuestro orgullo, en lo que estamos dispuestos a tragar yconsentir. Seguirán diciendo que el liberalismo es bueno y la formade gobierno más libre para una nación. Seguirán diciéndolo yalgunos creyéndolo como un dogma por más que los hechos seencarguen de demostrar lo contrario. Hoy hay nuevo dato del paro. Undato cojonudo ya que 30.133 personas han encontrado trabajo y ya sólonos quedan 4.700.000 españolitos de brazos cruzados en sus casas.Con España al borde de la intervención, la Prima de Riesgo enquinientos treinta y tantos puntos, el gobierno más perdido que unpulpo en un garaje, sin saber si somos o no españoles y si podemoshacer ondear la rojigualda en la Eurocopa o cantar el himno de Riegocuando Rafa Nadal gane el séptimo Roland Garros, podemos afirmar queestamos en lo más profundo del agujero. Un agujero que ni los másvalientes mineros asturianos hubiesen podido cavar doblando turnosdesde 1975. Ellos, no, pero los sucesivos gobiernos democráticos,sí. Un dato: La tasa de paro era de un 3'78% en 1975, lo que suponía510.500 parados. Había pleno empleo. Tan pleno que se desarrolló uncurioso fenómeno (paranormal visto con los ojos de 2012): elpluriempleo.
Pues afirma nuestra rectora de nosabemos qué que MAFO a la cárcel y que gobierne Merkel, que es máslista y más dura que el resto de nuestros políticos (a Merkel hemosempezado a tomarle cariño, como a una suegra, alguien como de lafamilia por lo mucho que se la menta y se espera de ella unarespuesta, una señora muy bien, de derechas, vamos), y que nosintervengan que así se acabará con el chanchullo de las Autonomías,y que los jefes extranjeros se atreverán a hacer las reformas que nose atreven a hacer los jefes españoles.
Pues muy bien. Y, ya puestos, si aunasí no cumplimos con nuestras obligaciones como Cenicientos, quevenga la OTAN (bajo bandera de Naciones Unidas) y nos bombardee, quees lo que estamos pidiendo a gritos.
En fin, esos huevos que pedimos paralos gobernantes de fuera por incomparecencia de los de aquí son losque tendríamos que tener nosotros, españolitos jodidos (supongo queasí no se me escapa ninguno), para poner a los listos que nos hanllevado a esta situación de 'virtualidad' (dinero de mentira,fábricas de mentira, autoridades de mentira, instituciones dementira...) en la picota. Y habría que hacerlo de forma anónima,como masa exaltada y de igual manera a como venimos depositando elvoto en los pesebres de la democracia. Por que, sí, tambiénnosotros deberíamos hacer examen de conciencia y cortarnos un dedopor cada vez que hemos votado a alguno de los partidos responsablesde esta ignominia, por más que lo hayamos hecho bajo el engaño y lamanipulación.
La intervención, no se engañen, solosupondrá el despido de 500.000 funcionarios para adelgazar la nóminadel Estado. 500.000 funcionarios de carrera, de los que nos sirven,de los que se han ganado su puesto a pulso y conocen bien su trabajo.Se quedarán las Autonomías (ya hay algún gurú con acento deGranollers que afirma que las Autonomías son buenas y que han sidolas políticas corruptas las que han generado el desaguisado. Yvuelta la mula al trigo), los políticos, los banqueros, losespeculadores de todos los pelos y capas posibles, los Urdangarín ycompañía.
No puedo imaginar a Hernán Cortés sinuna antorcha en la mano, mirando lo bien que arde la madera de susbarcos. Aquella España no hubiese consentido nunca la intervenciónporque le iba la honra en ello. Hubiese planteado un pulso al ejefranco alemán. Si no me dan el dinero que necesito, vuelvo a emitirpesetas, mando todo al carajo y veremos quién se hunde primero.Salgo del euro y me lo cargo, arrastro conmigo al resto, a Italia, aLuxemburgo, a Holanda, a Grecia, a la Francia de los camionesvolcados en la frontera y a la Alemania vasalla que vende submarinosa Israel con misiles de cabeza nuclear. Nos vamos todos a la mierday cada uno que plante cebollinos en su casa como Dios le dé aentender.
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