domingo, 8 de diciembre de 2013

Motivos para una huelga

La huelga es el último recurso de presión que le queda al trabajador para reclamar de la dirección de la empresa lo que es legítimamente suyo. Es el último recurso una vez agotados todos los mecanismos legales que no suponen la paralización de la actividad productiva y el último previo a la extinción de la empresa misma. Bien sabe el trabajador la importancia de la huelga porque supone la quema de las naves en un viaje sin retorno. Si la huelga triunfa, bien para ambos; si fracasa, es el fin. Por eso hay que ayudar a entender al empresario que la huelga no se hace contra la empresa, y que se termina en ella porque se han agotado todos los cauces humanos y divinos para lograr la negociación o el entendimiento.
En nuestro caso, nunca una huelga estuvo tan justificada. Los trabajadores de CRISA, SAUZAL e INTERECONOMIA no vamos a la huelga por una mejora de las condiciones salariales, algo para lo que estaríamos perfectamente legitimados; no vamos a la huelga por una mejora de las condiciones laborales, siendo estas casi de esclavitud, con obras paralizadas, salidas de emergencia inexistentes u obstaculizadas, cables por todas partes, condiciones de salubridad precarias...; y sobre todo, no vamos a la huelga porque seamos unos vagos que se han cansado de trabajar. Los trabajadores de Modesto Lafuente, 42 han demostrado una profesionalidad y lealtad al Grupo Intereconomia y a la figura de su presidente, Julio Ariza, fuera de toda discusión y de toda duda, algo reconocido incluso por sus mandos intermedios cuando creen que no les oyen los gerifaltes. Son precisamente esos gestores de la chapuza los que se atreven a decir, cuando algunos trabajadores acumulan hasta siete u ocho nóminas de atraso, que el trabajador es incapaz, incompetente y vago.
Desde la calle Espronceda, quien lo quiera ver, pude asomarse por la rejilla de la ventana y ver una redacción que más parece un taller clandestino de costureros chinos (tal vez porque a estos genios de las finanzas es lo que les hace falta: chinos, con sueldos de chino y pasaporte español).
Los trabajadores hemos aguantado el tirón de la crisis y, los más díscolos, nos hemos atrevido a denunciar a la empresa el impago de las nóminas adeudadas (derecho que corresponde a todo español por ley); la mayoría, por si eran despedidos, perjudicados o señalados, con familias y situaciones personales muy complicadas, prefirieron creer en lo que los edecanes de Ariza les contaban (algo totalmente legítimo pero que se ha comprobado absolutamente inútil por lo reiterado de la mentira en las palabras de la dirección). Se haya actuado a título particular o decidido a aguantar un mes más, mes tras mes, lo cierto es que la paciencia se ha colmado.
La empresa, que nunca ha querido la presencia de sindicatos en sus instalaciones, hoy tiene que bregar con un comité de empresa formado por una pinza de siglas, desde la ultraizquierda a la ultraderecha, en una demostración que acusa al interpelado y le imposibilita la defensa de que, por sentirse "orgullosos de ser de derechas", son los sindicatos de izquierda los que le acosan y tratan de derribar mediante boicot. Una situación de la que puede sacar poco partido porque, habiéndose mostrado siempre hostil a la acción sindical, el sindicato, desde el falangista TNS hasta la anarquista CGT, hoy está presente en la vida de Intereconomia. El becerro dorado tendrá que ser lidiado ahora por esa verdad eterna y sin matices que señalaba José Antonio de que el sindicato, la familia y el municipio son las entidades naturales de la persona humana; que es en el seno de una familia como se viene al mundo y se aprende todo; que es unido a un pueblo como se hace uno persona y que es atado a un trabajo como uno se gana el pan, construye la patria (no la marca España, la patria) y logra alcanzar la justicia social.
Cuando nos consta que madrugadores empleados tienen que acudir a las bolsas de caridad de emergencia de Cáritas para poder llevar algo de comida a sus neveras, exigir el pago del salario que se acordó en el contrato firmado por ambas partes es de justicia, de la más elemental y básica justicia.
No tiene defensa la empresa que en su ideario afirma seguir los preceptos de la Santa Madre Iglesia para negar tal reclamación ya que es pecado que clama al cielo, y reconoce la Iglesia, negar el salario justo al obrero.
Sabemos que entre los trabajadores hay mandos intermedios, presumimos que en situación no tan alarmante como la de los demás (algo que tampoco nos importa), dispuestos a seguir las directrices de la cabeza rectora -por un supuesto "bien común" que ya se ha destapado "mal de todos"- para que la huelga sea un fracaso. Les decimos que están en su derecho de no secundarla. Que el sistema liberal que preconizan no sólo les da la razón sino que aplaude su abnegado trabajo en pos de una economía de mercado donde el hombre y su esfuerzo no es más que un elemento necesario pero nunca principal. Que a pesar de sus palabras, la persona no es el eje sobre el que ha de girar la economía, sino una herramienta más de esta, comparable a las mulas de carga o a los ordenadores de la redacción. Les pedimos, a ellos, que se han mostrado siempre más católicos que el Papa, hijos de la Iglesia (y no de la secreta), comprometidos con los 'principios y los valores' que dicen abanderar, que hagan examen de conciencia cuando se arrodillen ante un Sagrario y se pregunten si es lícito que, para que sus vidas no se vean trastocadas por el infortunio, otros tengamos que admitir cómo se nos roba el pan de la boca de nuestros hijos con la mansedumbre del siervo.
"Porque no eres ni frío ni caliente te arrojaré de mi boca"- dice el Evangelio. Bien, pues se ha acabado el tiempo de la tibieza.

Plato de la trinchera

El nombre puede parecer excesivo pero es más que acertado por varias razones: se prepara en frío y, salvo en su versión infantil -que requiere horno-, ninguna otra fuente de calor es necesaria; lo he dedicado a la festividad de la Inmaculada Concepción de María, patrona de España y de la fiel Infantería y que hoy celebra la Iglesia; y su aspecto es el del cuerpo médico de la trinchera del frente. Pero está de muerte, además de ser para economías de guerra.

Salen las cantidades un poco a ojo, aviso.

Ingredientes:

1 kg de carne picada de vacuno
1 cebolla grande
Tres dientes de ajo
Perejil fresco
Pimienta
Sal
1 huevo
Un chorrito de aceite balsámico de Módena
Otro de salsa de soja
Un dedo de vodka o aguardiente
1 limón o una lima

Por partes: picamos muy fino, muy fino los tres o cuatro dientes de ajo, la cebolla y el perejil -que ha de ser fresco para que nos añada clorofila-. Lo ponemos todo en un bol de cocina hemisférico -es decir, uno que no tenga el fondo plano porque vamos a tener que mezclar los ingredientes-, junto con la carne, el huevo, la pimienta (bien de pimienta) y la sal. Hemos añadido los sólidos. Mezclamos todo bien con un tenedor hasta que nos haga una pasta. Estará espesa, así que vamos a ir añadiendo líquidos. Primero el de Módena, un chorrito, sin exagerar. Un par de vueltas de tenedor. Ahora la salsa china, tracatá y otro par de vueltas de tenedor en el bol. El dedal de vodka puede aumentarse a dos dedales al gusto del consumidor y, finalmente, un buen chorro, abundante, de limón o lima. Ahora se entenderá lo de la enfermería de campaña. El resultado final es un magnífico Tartar que ha de comerse crudo. Vamos a remover todo bien y a dejar que macere un rato (hay que ponerle una calle en Madrid al que inventó la palabra maceración). Por llevar vinagre, vodka y limón, la maceración es una forma de cocción y no necesita fuego. Nuestro plato, delicioso y no apto para vegetarianos ni corazones remilgados, está listo. En caso de que se nos haya ido la mano con los líquidos siempre podemos agregar un poco de pan rayado para espesar la masa. Y, como en todas las casa debería haber algún niño, para estos podemos separar un poco de nuestro tartar y, engrasando un poco un molde de horno, dejarlo cocer a 200© durante 10 minutos con alguna decoración en queso para que gratine. No suelen protestar.

PD. A este post le añadiré fotos paso a paso cuando lo prepare en casa

jueves, 5 de diciembre de 2013

Audio programa 'Lo hablamos el sábado'

Audio del programa 'Lo hablamos el sábado' correspondiente al sábado 2 de noviembre de 2013 en el que con Carlos Rodríguez, jefe nacional del sindicato TNS y Jesús Muñoz, jefe nacional de Comunicación y Prensa del Sindicato TNS sobre la figura de Ramiro Ledesma Ramos, fundador delas Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS)

Audio
 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Haiku a los conquistadores de voluntades

No os angustie la muerte, marchad.
Allá adonde habéis de ir
No estuvo nadie jamás

viernes, 22 de noviembre de 2013

Audio programa 'Lo hablamos el sábado'


 Audio del programa 'Lo hablamos el sábado' correspondiente al sábado 26 de octubre de 2013. Hablamos con Carlos Rodríguez, jefe nacional del sindicato TNS y con Francisco José Alcaraz, secretario general del Voces Contra el Terrorismo sobre la excarcelación de etarras tras la derogación de estrasburgo de la 'doctrina Parot'


Audio


Nacionalización de la banca (II)

Dejando aparte las acciones jurídicas que tuviesen que llevarse a cabo y que, en ningún caso, pueden considerarse insalvables, el proceso de nacionalización de la banca llevaría aparejadas la toma de decisiones en ciertas materias. Digo que en ningún caso pueden ser consideradas de insalvables puesto que es la soberanía nacional lo que está en juego, el buen gobierno de la nación y la prosperidad de sus ciudadanos.

Por partes.

Como decíamos, la principal virtud de un banco es el ser motor de la economía nacional. En el caso de la banca privada, lejos de lo que creen muchos, su principal función también es esta, con independencia de la legítima obtención de beneficio para sus accionistas. La concesión que da el Estado a los bancos para la realización de esta actividad tiene como contrapartida el que la sociedad en su conjunto se beneficie de la posibilidad de conseguir crédito para su desarrollo económico a precio razonable y sin caer en la usura ni en la estafa. Si alguna de estas dos circunstancias se diesen, es potestad del Estado nacionalizar un servicio que en manos privadas no reporta beneficio alguno a la sociedad, antes bien la daña. Es el caso en el que nos movemos y escándalos sobre el particular saltan a diario a las primeras páginas de todos los diarios.

El Estado puede por tanto tomar dos decisiones: puede dejar que los bancos sigan estafando a los ciudadanos y a la nación en general, y puede decidir tomar cartas en el asunto y nacionalizar las empresas de crédito. Lo que no puede de ninguna de las maneras es tomar las riendas para socializar las pérdidas y, una vez puesto al día el banco en cuestión, saneado y rentable, ceder la explotación de su beneficio a un particular y, sobre todo, si este particular era el gestor del banco previo a su rescate.

Nacionalizado un banco, sería coherente pensar que, en libre competencia, ningún otro banco privado pudiera dar crédito más barato ni ofrecer condiciones más ventajosas que el propio banco nacional. Pero si lo hubiese no hay porqué pensar que no pudiese obtener beneficio con su actividad, sin duda, mucho menor que el que ahora obtiene. De tal manera que, si la prestación del servicio puede ser atractiva para un banco, no habría impedimento para su presencia. Sería la ley de mercado, la ley de la oferta y la demanda, la que haría que una empresa cualquiera decidiese financiarse a través de la banca pública o de la nacional. Y, supongamos, que, con el tiempo, la banca privada no viese beneficio alguno para operar en España, ¿dejarían de tener por eso las empresas necesidad de financiación? Creemos que no. Y creemos de igual manera que no pasaría nada porque en España hubiese un sólo gran banco nacional, como lo es el Sareb, pero en bueno.


Muy bien, ya tenemos nuestro 'Banco Nacional' (lo llamaremos así por comodidad) operando, dando crédito y financiando proyectos empresariales que producen beneficio a empresas y particulares, generando empleo a través de la actividad económica relanzada y revitalizada, ocupando todos los sectores económicos del país. Produciendo, produciendo y produciendo. Cubiertas las necesidad propias de producción, un país como España, rica en todos los sentidos, en todos los ámbitos, rica también en el genio de sus empresarios y de sus trabajadores, se vería en la necesidad de exportar sus productos y, tal vez, otras capacidad de nuestro 'BN' sería necesaria que entrase en juego. Pero eso será materia de otro artículo.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Nacionalización de la banca (I)

Hay un tema recurrente. Un tema que, su simple enunciado, te sitúa automáticamente en el redil de los indeseables piojosos antisistema. No es otro que la nacionalización de la banca. Es tanto como decir que Dios no existe en el cónclave de sucesión del Papa; te echan de allí, seguro. La herejía liberal es muy grave.
Lehman Brothers, Goldman Sach o Merrill Lynch no son Boeings estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York; son bombonas de butano en una corrala del XIX en un viejo barrio castizo. No son anomalías del sistema bancario, rarezas en la segura profesión de prestamista, ni víctimas de un momento puntual de la historia y de la insaciable voracidad de enriquecimiento de un grupo de negratas en una zona residencial con pistas de bascket y canastas para negratas. No, Lehman Brothers, Goldman Sach, Merrill Lynch, Bankia, CajaSur, Caja de Ahorros del Mediterráneo y tantas y tantas otras entidades financieras son la esencia del sistema liberal capitalista, los patronos, los pistones del motor de combustión de la economía de mercado.
No vamos a analizar una vez más la crisis de las subprimes porque sitios hay a patadas en internar para conocer los antecedentes, los hechos y las consecuencias de una crisis de proporciones globales.
Pero en una economía inmoralmente globalizada, lo que sucediera en EEUU tendría repercusión, naturalmente, en una pequeña, acomplejada y seguidista economía española, empeñada en aquellos años en copiar cuanto pudiese la economía del hermano americano. Que allí se concedían créditos sobre el 100% o más de la tasación de un inmueble, aquí, en plena fiebre de especulación inmobiliaria, en el reino del ladrillo, las hipotecas se hacían a 40 años y sobre las tasaciones más disparatadas, sin importar la capacidad real de endeudamiento del comprador. Así, una vez que reventó la burbuja, España destapó un agujero que se tragaba toda posibilidad de recuperación a futuro y se ponía a la cabeza de los países más endeudados del mundo.
De la misma manera que hablamos de la crisis subprime, empezamos a hablar de la prima de riesgo. Muchos no sabíamos lo que era y algunos seguimos sin saberlo. Luego el que si te rescato, que si no te rescato; que Alemania esto y Alemania lo otro...y los recortes, los brotes verdes y la luz al final del túnel.
Es la mentira liberal para tenernos entretenidos y no analizar en toda su extensión una realidad: los bancos crearon una crisis de la que obtuvieron beneficios. Conclusión: no fue una crisis ni económica ni financiera; fue una estrategia comercial. La miseria, el hambre y la ruina que han dejado a su paso son el resultado de la rapiña perpetrada por los que planificaron los escenarios de crisis.
Cuando cayó el sistema (aparentemente), hubo incluso líderes mundiales, como el presidente de la República Francesa entonces, Nicolas Sarkozy, que afirmaron que había que ir a una refundación del capitalismo, que hablaron de crisis del sistema liberal capitalista. Empezamos a hablar del sistema financiero como sector estratégico y, como tal, susceptible de ser tratado con guante blanco, esto es: rescatable. No podíamos dejar que los bancos asumiesen el coste de su usura porque eso supondría tener que cerrar, dar quiebra. La quiebra de un banco no podía ser tratada como la quiebra de la industria energética o metalúrgica (para entonces, los sucesivos gobiernos democráticos ya se habían encargado de que la industria pesada estuviese en manos privadas -la rentable- o desaparecida -la deficitaria). Su caída suponía el colapso del sistema, que la pequeña y mediana empresa no recibiese el crédito que necesitaba para su funcionamiento, que los particulares no pudiesen seguir endeudándose y consumiendo. Dado el relevante papel que le tocaba asumir, todos aceptamos lo inaceptable: había que rescatar a la banca.
Para sanear el sistema financiero el Gobierno se puso el traje de árbitro y montó el Sareb, banco malo, contenedor de la basura tóxica de depósitos impagables. Y empezó a financiar con ese Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria a las miles de cajas, bancos y fondos de inversión que aportaban luminosos a nuestros bajos comerciales. Primero sacamos del pozo a Caja Sur; la última fue Bankia, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid que, allá por el XVII fundase el Padre Piquer para alivio de menesterosos y que se había convertido, de la mano de enchufados niños pera en patio de monipodio para trapicheos electorales, pago de favores y Gürtels varios. Los políticos ayudaban a quienes les habían ayudado y financiado juergas y mariscadas democráticas. El Estado tomaba las riendas de las sociedades díscolas para, con el esfuerzo de todos, nacionalizando la deuda, sacarlas a flote. Se nos decía que era para el bien de todos. Todos hemos contribuido con nuestros esfuerzos a hacer rentables sus cuentas de resultados. Pero, a cambio de qué?
Todo tendría sentido si el 'Banco Nacional' hubiese servido para garantizar el crédito y el flujo de capital para mover la maquinaria patria. Pero no era ese el fin. El fin, en realidad, era volver a hacer atractiva la empresa y poder cedérsela a algún amigo que pueda explotar los beneficios. En definitiva, que se pueda volver a soñar con un nuevo renacer del ladrillo, de la financiación de hipotecas, del sueño de la especulación inmobiliaria. Los bancos, en el sistema capitalista, no están hechos para crear riqueza sino para amasarla. El paraíso capitalista es el paraíso fiscal del dinero negro en sociedades opacas en islas del Caribe. Es la cueva del tesoro del pirata Drake. Es el jet privado de uno a costa de la miseria y el desahucio de miles.